domingo, 6 de septiembre de 2020

LA SANGRIENTA Y ENIGMÁTICA MUERTE DE MOCTEZUMA

 

LA SANGRIENTA Y ENIGMÁTICA MUERTE DE MOCTEZUMA

6 de septiembre 2020

                                                                                                                      Por José Segovia

“¿Murió apedreado por sus propios súbditos, asqueados por su complicidad con los invasores españoles, o fue apuñalado por los hombres de Hernán Cortés? El encuentro entre el conquistador extremeño y el emperador mexica sigue rodeado de leyendas. A 500 años de su muerte, indagamos en la turbulenta vida de Moctezuma.”

“Hernán cortés mantenía a Moctezuma II cautivo en el palacio de Axayácatl cuando los mexicas iniciaron el ataque contra los españoles. Tras días de durísimo combate en Tenochtitlán (la actual Ciudad de México), Cortés y sus hombres intentaron huir, pero sus enemigos los tenían rodeados. Entonces, el conquistador extremeño ordenó trasladar al emperador a la azotea del edificio para que negociase con sus súbditos un alto el fuego que facilitase a sus hombres la salida de la ciudad.

 

Al ver a su tlatoani en lo alto del palacio, los mexicas pararon la lucha por un momento. Cuando Moctezuma iba a dirigirse a la multitud, alguien gritó que el nuevo líder del Imperio era Cuitláhuac y que había ordenado matar a los extranjeros. De repente comenzaron a llover piedras sobre la terraza y varias impactaron contra la cabeza de Moctezuma, que murió poco después. Era el 29 de junio de 1520, hace ahora quinientos años.

 

La historiografía moderna avala este relato sobre la lapidación de Moctezuma a manos de sus propios súbditos, asqueados por su inexcusable complicidad con los invasores. Sin embargo, hay otras versiones sobre su muerte. Los cronistas indígenas afirman que fueron los españoles quienes acabaron con el noveno señor de Tenochtitlán. En su Crónica mexicana (1598), Hernando Alvarado Tezozómoc señala que el emperador fue acuchillado hasta la muerte por los hombres de Cortés.

 

Otras crónicas desvelan que su cadáver fue entregado a Apanécatl, quien lo llevó a Huitzilan para enterrarlo y que no pudo hacerlo porque las autoridades de esa localidad se negaron a rendir ritual funerario a un emperador traidor de su pueblo. Lo mismo ocurrió en las localidades de Necatitlán y Tecpanzinco. Finalmente, las autoridades de Acatliyacápan dieron permiso para que sus restos fueran incinerados en ese lugar.

 

Cortés y sus hombres emprendieron la huida de la capital mexica la lluviosa noche del 30 de junio al 1 de julio, pero fueron descubiertos saliendo de Tenochtitlán por una anciana, que dio la alarma. En la fuga, la mitad de los hombres murió y Cortés perdió casi todo el oro expoliado a los mexicas, además de gran cantidad de artillería y caballos.

 

La amarga derrota hizo llorar al conquistador. Fue tanto el desasosiego entre los españoles que aquella infausta jornada pasó a llamarse la Noche Triste. Los supervivientes se refugiaron en tierra de sus aliados, los tlaxcaltecas, donde Cortés comenzó a pergeñar su venganza contra el nuevo emperador, Cuitláhuac, cuyo gobierno apenas duró ochenta días, ya que la viruela acabó con su vida. Le sucedió en el trono Cuauhtémoc, quien sería el último emperador del Imperio azteca o, más apropiadamente, del Imperio mexica, dado que el pueblo que habitó el valle de México desde inicios del siglo XIII fue el mexica.

 

El presagio de Nezahualpilli

 

Moctezuma nació en 1466 en el seno de una de las familias más poderosas de Tenochtitlán. Su padre fue el emperador Axayácatl. Estudió en la escuela reservada a los hijos de la nobleza, cuyos maestros enseñaban historia, religión y artes bélicas. En 1481 falleció su padre, cuyo reinado se caracterizó por la expansión del Imperio. Su sucesor en el trono fue Tízoc, hermano de Moctezuma, quien murió en 1486, no se sabe a ciencia cierta si envenenado o condenado a muerte por su propia familia.

 

Fuera de una forma u otra, lo cierto es que el consejo elector de emperadores nombró como sucesor a Ahuízotl, quien intensificó las campañas militares e incrementó los territorios controlados por los mexicas. A finales del siglo XV, el Imperio se extendía desde Tenochtitlán hacia las costas del océano Atlántico y las del Pacífico y, por el sur, hasta el territorio de la actual Guatemala. Cerca de 25 millones de personas vivían repartidas en 38 provincias.

 

Ahuízotl incrementó las denominadas ‘guerras floridas’, cuyo objetivo era aplicar tributos a los reinos derrotados y obtener numerosos prisioneros. Cerca de 20.000 fueron sacrificados en Tenochtitlán para la inauguración del templo de Huitzilopochtli (dios del Sol y de la guerra), el más importante del olimpo mexica, y al que había que ‘alimentar’ con sangre humana, la única forma de evitar el final del mundo y la caída del universo en el caos.

 

Cuando murió el belicoso Ahuízotl, en 1502, el consejo elector eligió como sucesor a su sobrino, Moctezuma II, que se convirtió en el noveno emperador en la historia mexica. El pueblo observó ese año una especie de lengua de fuego en el cielo nocturno, probablemente un cometa de extraordinaria brillantez. Nezahualpilli, el principal astrólogo del Imperio, vio en ese fenómeno el anuncio de grandes calamidades para el reino, un presagio que nunca olvidaría el nuevo emperador.

 

Un año después de llegar al trono, Moctezuma lanzó a su ejército contra la ciudad de Achiotlan, en Oaxaca, conquistada rápidamente. Dos años más tarde, los guerreros del emperador derrotaron a los ejércitos de Yanhuitlan y Zozollan. Entre 1508 y 1513, sus ejércitos sometieron a unas 450 poblaciones. Pero los mexicas nunca pudieron derrotar a los tlaxcaltecas y al pueblo de Texcoco.

 

En aquel entonces, Tenochtitlán era una ciudad espectacular llena de canales y lagunas y acogía a más de 200.000 habitantes. Cuando los españoles la vieron por primera vez, quedaron tan impresionados que la llamaron ‘la Venecia del Nuevo Mundo’. El poder del Imperio mexica descansaba sobre los productos que manufacturaban sus artesanos, vendidos o cambiados por otros bienes en reinos muy lejanos. El náhuatl, la lengua franca que se hablaba allí, facilitaba la prosperidad del comercio.

 

Preguntas sin respuesta

Las actividades de los mexicas estaban muy vinculadas a grandes y pequeños festejos en honor de los dioses. Bajo el mandato de Moctezuma, esos festejos se hicieron cada vez más extravagantes, con bailes a los que se añadían los rituales de sangre en los templos, donde el sumo sacerdote empuñaba un cuchillo de sílex con el que arrancaba el corazón de cada sacrificado; la mayoría, prisioneros varones y adultos, aunque también se utilizaban niños y niñas.

 

Los nobles eran los únicos que podían construir casa de dos plantas y beber el preciado chocolate. Cuando llegó al poder, Moctezuma ordenó una serie de nuevas reglas que aumentaron aún más las diferencias entre las clases sociales. La etiqueta real era tan rígida que solo algunos altos funcionarios y miembros de la nobleza podían dirigirse al emperador. Nadie le podía mirar a los ojos, debían hablarle en voz baja y estar descalzos en su presencia.

 

El mito fundacional del pueblo mexica afirmaba que el mundo ya había pasado por cuatro eras iluminadas por cuatro soles distintos. La era de Moctezuma II era la del Quinto Sol, y en ella todo llegaba a su fin. La aceptación de ese mito acrecentó el pesimismo en las clases privilegiadas. En 1518, Moctezuma y sus sacerdotes visitaban con frecuencia las misteriosas pirámides de la abandonada ciudad de Teotihuacán, a unos kilómetros de Tenochtitlán, para ofrecer sacrificios.

 

Aunque Moctezuma no lo sabía, aquellas enormes pirámides en ruinas simbolizaban la inminente catástrofe de su pueblo. Al saber de la llegada de los españoles en la primavera de 1519, Moctezuma envió a sus embajadores cargados de presentes para esos enigmáticos visitantes, cuyo campamento se hallaba en las playas del actual estado de Veracruz. Tras darle los obsequios, los embajadores le dijeron a Cortés que no fuera a Tenochtitlán.

 

Pero los regalos -algunos, de oro- excitaron la codicia de los invasores. Cortés y sus hombres, acompañados de unos mil tlaxcaltecas, con los que el conquistador había llegado a una alianza, se dirigieron a la capital del Imperio mexica. Lejos de atacarlos, Moctezuma los alojó en el palacio de Axayácatl, donde los españoles derribaron las imágenes de dioses mexicas para poner en su lugar crucifijos y otros símbolos cristianos.

 

El encuentro de Cortés y el tlatoani continúa rodeado de mitos y leyendas. Por qué Moctezuma se mostró tan amistoso con los extranjeros? El emperador de los mexicas fue un cobarde? Algunos historiadores señalan que Moctezuma creía que Cortés era un dios y que esa fue la razón por la que se mostró tan colaborativo con él y sus hombres.

 

Lo que sí parece probado es que el tlatoani descubrió no mucho después que esos extraños visitantes no eran divinidades, sino invasores con armas muy poderosas, pero ya era tarde. Los españoles habían logrado grandes alianzas con los pueblos indígenas enemigos de Tenochtitlán y estaban en posición de derrotar al ejército mexica.

 

Cuando el conquistador extremeño supo que sus compañeros de Veracruz habían sido asesinados por un ejército mexica, ordenó a sus hombres que raptaran a Moctezuma, que siguió siendo emperador, aunque ya sin poder alguno. Así pasaron seis meses hasta que en la primavera de 1520 un grupo de soldados españoles irrumpió en un sacrificio y masacró a los mexicas que participaban en él. Aquella matanza desató el levantamiento contra los odiados extranjeros, que concluyó con la salida precipitada de Cortés y sus hombres de Tenochtitlán y con el asesinato de Moctezuma. El 13 de agosto de 1521, los españoles capturaron a Cuauhtémoc, al que dieron muerte cuatro años después. Del poderoso Imperio mexica ya solo quedaba el triste recuerdo.”

                                                                                       Tomado de XLSemanal

 


LA MUERTE DE MAGALLANES EN UNA BATALLA DESIGUAL

 


LA MUERTE DE MAGALLANES EN UNA BATALLA DESIGUAL

6 de septiembre 2020

 

“Mientras completaba la primera vuelta al mundo, el almirante Magallanes murió peleando contra los indígenas en una playa de las islas Filipinas.”

• Expedición de Magallanes: ¿qué fue de los cinco barcos?

 

Hace casi 500 años, se hallaba Fernando de Magallanes ante la isla de Mactán, en el archipiélago que habían bautizado como San Lázaro. Era medianoche y cada una de sus naves -Concepción, Trinidad y Victoria- aprestaba una lancha con 20 hombres a bordo.

 

Los indígenas no tardaron en identificar al capitán y se lanzaron a por él

 Antes del amanecer llegaron las barcas a unos 600 metros de la playa y no pudieron avanzar más porque el fondo estaba cubierto de rocas puntiagudas a flor de agua. Magallanes envió a un mensajero nativo para que advirtiera al reyezuelo que debía reconocer al rey de España como su señor y pagarle los tributos adecuados. Pero aguardaron inútilmente el regreso del mensajero; entonces, el capitán ordenó el desembarco de 49 hombres. Cuando alcanzaron la playa, con el agua a media pierna, escucharon un gran clamor y advirtieron que se les aproximaban en son de guerra unos 1.500 nativos en tres grandes grupos.

 

Les acosaban de lejos, con jabalinas y piedras que causaban mucho daño. La situación era muy peligrosa, pues debían retroceder lentamente hacia las barcas, que no podían prestarles ayuda. Los guerreros indígenas enseguida identificaron al capitán y contra él lanzaron una lluvia de dardos hasta que lograron herirle en el rostro, un brazo y una pierna. Una vez caído le acometieron hasta matarle.

 

La historia empezó cuando dos navegantes portugueses, se presentaron ante Carlos I de España en 1518 ofreciéndole descubrir un paso hacia la Mar del Sur (océano Pacífico) desde el extremo meridional de América, para alcanzar por la ruta de occidente las islas de las especias. Convencido el monarca de la viabilidad de la expedición, la Corona y algunos particulares aportaron el dinero necesario para aparejar cinco naves, con 270 tripulantes, bastimentos y equipo para una larga travesía y mercaderías con las que captar a los nativos de las tierras que se descubrieran.

 

La expedición partió el 10 de agosto de 1519 y alcanzó sin contratiempos el Río de la Plata en enero de 1520. Luego descendieron más al sur, hasta donde nunca antes había llegado un europeo, y allí Magallanes ordenó invernar, teniendo que sofocar con dureza una rebelión. En octubre de 1520 hallaron el paso hacia el Pacífico -el estrecho de Magallanes en su honor- y el 28 de noviembre entraron en él. Ya eran sólo tres naves: una había naufragado -sin pérdidas humanas- y la otra había desertado y regresado a España.

 

El 6 marzo de 1521 hallaron las islas de los Ladrones -Marianas- y el 29, el archipiélago de San Lázaro, las actuales Filipinas. A comienzos de abril desembarcaron en Cebú, obtuvieron el vasallaje de su rey y se inmiscuyeron en las luchas tribales para obtener la sumisión de todos. Más tarde avanzaron hacia la isla de Mactán, en cuyas orillas Magallanes encontró la muerte el 27 de abril de 1521.

Tras otros asaltos y muertes, fue nombrado nuevo capitán el vasco de Guetaria Juan Sebastián Elcano, que se había embarcado como maestre en la expedición. Elcano siguió el viaje descubridor hacia las Molucas; allí, sabiendo que los portugueses les buscaban para impedirles que revelaran el paso hacia el Pacífico, emprendió el regreso con la nao Victoria, 47 marineros y 13 nativos. Nueve meses después, el 6 de septiembre de 1522, tras burlar la vigilancia portuguesa y después de sufrir ingentes penurias, llegó al puerto de Sanlúcar de Barrameda. Sólo 18 hombres, en su mayor parte enfermos, consiguieron regresar, tras haber protagonizado una de las mayores empresas descubridoras de la Historia.”

                                                                             Tomado de XLSEMANAL


sábado, 5 de septiembre de 2020

LOS VENENOS MÁS CONOCIDOS Y SUS VÍCTIMAS MÁS FAMOSAS

 


LOS VENENOS MÁS CONOCIDOS Y SUS VÍCTIMAS MÁS FAMOSAS

5/9/2020

 

“Un espeluznante recorrido por los diversos tóxicos que el hombre empleó a lo largo de la historia para asesinar silenciosamente a sus rivales, sin apenas dejar rastro. Estos son los ingredientes claves de toda intriga palaciega.” 

Cícuta: el clásico

Procedencia: se extrae de la colina, planta herbácea que huele a orina.

Efectos: ataca el sistema nervioso central. Es el veneno más rápido y letal: solo 0,01 g. matan a alguien en 30 segundos. No tiene antídoto.

Caso histórico: era el “veneno de Estado” en la Grecia clásica. En el 399 antes de Cristo, Sócrates la tomó tras ser condenado a muerte por impiedad y por corromper a los jóvenes.

 

Arsénico: el rey de los venenos

Procedencia: presente en muchos minerales, es el elemento 33 de la tabla periódica. Abunda en el planeta.

Efectos: en dosis pequeñas causa cáncer; en altas, la muerte en pocas horas. Hay un antídoto: el dimercaprol.

Caso histórico: es quizá el más usado de la historia. Fue el preferido de Locusta -la envenenadora de Nerón– y el componente principal de la cantarella de los Borgia.

 

Tetrodotoxina: el más salvaje

Procedencia: esta neurotoxina es mil veces más potente que el cianuro. Se halla tanto en la saliva del pulpo de anillos azules como en los ovarios del famoso pez globo.

Efectos: apenas 0,50 mg bastan para provocar en una persona parálisis y colapso respiratorio y cardiovascular. La ponzoña de algunos animales provoca la muerte en cuestión de minutos porque combinan gran variedad de toxinas.

Caso histórico: Cleopatra, la última reina del antiguo Egipto de la dinastía Ptolemaica, se suicidó recurriendo a la mordedura de una víbora áspid egipcia en el año 30 antes de Cristo.

Estricnina: el menos discreto

Procedencia: se extrae del árbol Strychnos nux vomica. Muy amargo, se camufla con licores o café.

Efectos: mata en una hora. Provoca contracciones que arquean la espalda hasta que los talones tocan la nuca.

Caso histórico: La víctima de la primera novela de Agatha Christie es envenenada con estricnina. También se cree que murió envenado con esta sustancia Alejandro Magno.

 

Acontinina: la reina de los venenos

Procedencia: se extrae del acónito, una planta montañosa de flores azules que se cultiva con fines ornamentales.

Efectos: su ingesta produce vértigos, calambres, arritmias y parálisis. Más de 4 o 5 mg. mata en horas. No tiene antídoto.

Caso histórico: fue utilizado como veneno judicial en la Edad Media o para eutanasias en la Grecia clásica. Personajes como Andrés Hurtado (El árbol de la ciencia, de Pío Baroja) perecieron por él.

 

Talio: el favorito de Sadam

Procedencia: es un metal blanco de tinte azulado cuyas sales, muy tóxicas, han sido empleadas como raticidas durante mucho tiempo.

Caso histórico: era el tóxico favorito de Sadam Husein. Su medio hermano Barzan al-Tikriti creó en 1978 la Unidad Médica de Venenos en la Facultad de Medicina de la Universidad de Bagdad y desde entonces lo utilizaron mucho para eliminar a sus opositores políticos.

 

Bótox: el más potente y… caro

Procedencia: la botulina es una neurotoxina elaborada por la bacteria Clostridium botulinum que es utilizada en dosis infinitesimales como medicamento o producto cosmético contra las arrugas.

Efectos: solo si se ingiere causa náuseas, vómitos y parálisis progresiva hasta el punto de llegar a bloquear la respiración.

Caso histórico: como arma química agente X o XR está prohibida por la Convención de Ginebra, por su peligro. Los japoneses emplearon la botulina en experimentación con fines bélicos con prisioneros chinos durante la ocupación de Manchuria, en los años 30 del siglo XX.

 

Cianuro: la solución final

Procedencia: se obtiene de semillas de plantas cuyos frutos se consumen, como ciruelas o almendras amargas.

Efectos: una dosis alta produce dificultades respiratorias, convulsiones y fallo cardiaco en minutos.

Caso histórico: fue la última vía de escape para los jerarcas nazis y la base del terrible Zyklon B, empleado para gasear a millones de judíos en la Segunda Guerra Mundial.”

                                                                            Tomado de XLSemanal

 


jueves, 3 de septiembre de 2020

COOK Y LA “TERRA AUSTRALIS”, UNA AVENTURA EN LAS ANTÍPODAS

 


COOK Y LA “TERRA AUSTRALIS”, UNA AVENTURA EN LAS ANTÍPODAS

3 de septiembre 2020

 

                                                                              Por Rodrigo Padilla

“Hace justo 250 años, James Cook plantó la bandera británica en unas costas hasta ese momento inexploradas. Era el colofón de un increíble viaje que empezó como expedición científica, siguió como búsqueda de un continente que no existía y acabó llegando a un lugar que más tarde se llamaría Australia.”

“Para los doctos caballeros de la Royal Society de Londres, el llamado tránsito de Venus de 1769 era una ocasión única de calcular la distancia exacta entre el Sol y la Tierra. Para los prosaicos lores del Almirantazgo, aquel raro fenómeno astronómico que había que observar desde puntos alejados del planeta era una excusa perfecta. Porque lo de Venus no les importaba gran cosa, lo que ellos querían era enviar una expedición al otro extremo del mundo para encontrar y reclamar la mítica Terra Australis, el continente que según se creía llenaba el hueco que los mapas todavía mostraban en el corazón del Pacífico Sur.

 

En aquella recta final del siglo XVIII, la idea de un continente nuevo lleno de recursos naturales, quizá con metales valiosos, quizá con tierras aptas para cultivar tabaco, azúcar o té, o algodón para la incipiente industria textil, o quién sabe si otra planta desconocida pero igualmente rentable, inflamaba por igual la codicia y las fantasías de hegemonía mundial de los gobernantes británicos. Si además todo se hacía bajo el noble manto de la ciencia, que en la Europa de la Ilustración iba sustituyendo al arte como elemento de prestigio internacional, pues mejor que mejor. En definitiva, los caballeros de la Royal Society, los lores del Almirantazgo y hasta el mismo rey Jorge se pusieron de acuerdo: había que mandar un barco a las antípodas.

 

El elegido para comandar esta expedición no tan científica como parecía fue un oficial de la Royal Navy con formación en matemáticas y astronomía. A sus 40 años, James Cook ya había dado muestras de sus habilidades como navegante y cartógrafo en Terranova y Canadá, además de poseer unas dotes de mando que le hacían idóneo para una empresa que se preveía larga y llena de incertidumbres. Le acompañaría un grupo de astrónomos y botánicos encabezado por Joseph Banks, un naturalista de buena familia que financió parte de la expedición.

 

El Endeavour, el robusto velero acondicionado para llevar a un centenar de hombres hacia lo desconocido, y si era posible traerlos a todos de vuelta, cargaba con un ingenio para desalar agua y con barriles de chucrut y concentrado de limón, en lo que era un proyecto piloto de la Armada para prevenir el escorbuto, flagelo de las tripulaciones en las largas travesías marítimas. En el último momento también subieron a bordo una docena de infantes de marina, cuya presencia quizá se explicaba por un sobre lacrado que contenía órdenes secretas y que Cook no debía abrir hasta haber concluido las mediciones astronómicas.

 

Por fin, el 26 de agosto de 1768 el Endeavour salió de Plymouth rumbo a Tahití, el lugar más remoto conocido y al que no había ninguna garantía de llegar: en aquella época, aventurarse en aguas prácticamente inexploradas en un barco de madera era como viajar a Marte. A pesar de todo, Cook consiguió doblar el siempre traicionero cabo de Hornos, adentrarse en el Pacífico y arribar puntual a Tahití y a su cita con los astros.

 

El 3 de junio de 1769, el día señalado, amaneció despejado y Cook pudo registrar el recorrido de Venus por delante del disco solar. Por desgracia, un efecto óptico impidió que los resultados fueran tan precisos como se pretendía. Recogidos los telescopios y con el ancla levada, Cook abrió el sobre que contenía las instrucciones para la segunda parte de su viaje. Y vio que la aventura no había hecho más que empezar.

 

Las órdenes secretas eran claras: debía navegar hacia el sur hasta encontrar la ‘Terra Australis’ de los clásicos y tomar posesión de ella en nombre de la corona británica. Pero aquella tierra del sur no existía. Cook la buscó durante semanas en una complicada singladura que lo llevó más allá de los Rugientes Cuarenta, latitud castigada por terribles vientos. Incapaz de seguir adelante, viró al oeste y recorrió otros 5 000 kilómetros hasta llegar a Nueva Zelanda, por aquel entonces solo un perdido fragmento de costa en el mapa trazado en 1642 por el explorador holandés Abel Tasman. Cook dedicó varios meses a rodear lo que en realidad eran dos grandes islas, separadas por un estrecho que hoy lleva su nombre. Los miembros de la expedición también estudiaron la flora y fauna locales y establecieron unas relaciones con los nativos maoríes que no siempre fueron pacíficas. En marzo de 1770 llegó el momento de regresar a casa.

 

De las posibles rutas de vuelta, Cook eligió la más interesante: navegar a través del enorme vacío que había entre Nueva Zelanda y las costas de Nueva Guinea y Nueva Holanda, el nombre que se le daba al litoral occidental de una isla que nadie sabía hasta dónde se extendía. Y que resultó ser enorme, como comprobó Cook cuando se topó con su otro extremo, cerca de la actual Sídney. Tras tocar tierra, el Endeavour siguió hacia el norte en paralelo a la costa y se adentró en el laberinto de la Gran Barrera de Coral, kilómetros de arrecifes de los que el barco salió muy mal parado. Una vez alcanzado el extremo norte de lo que hoy es el estado de Queensland, Cook desplegó la bandera británica y tomó posesión de las costas descubiertas en nombre de su rey. Era el 22 de agosto de 1770. Con dos años de viaje a sus espaldas, el Endeavour en las últimas y sin más espacios en blanco en su camino, Cook decidió poner proa a Batavia, capital de las Indias Orientales Holandesas, a donde llegó en octubre.

 

Tras un mes de descanso y reparaciones, la expedición levó anclas para atravesar el océano Índico en dirección a África, doblar el cabo de Buena Esperanza y seguir hacia Europa. El 10 de julio de 1771, Nicholas Young, el mismo grumete que vio tierra frente a Nueva Zelanda, atisbó en el horizonte las costas de Cornualles. El Endeavour echó el ancla en el estuario del Támesis una semana más tarde.

 

Aquella increíble aventura se saldó con mapas detallados de costas antes desconocidas, el estudio de nuevas especies animales y vegetales y la victoria definitiva sobre el escorbuto. También abrió la puerta a la colonización de Nueva Zelanda y de una isla del tamaño de un continente que, aunque no era la ansiada ‘Terra Australis’, todo el mundo acabaría llamando Australia. Por su parte, al teniente James Cook le valió el ascenso a capitán, el mando de nuevas expediciones al Pacífico y la entrada en los libros de historia con la categoría de héroe. Para los pueblos aborígenes y maoríes, significó el principio del fin de su milenaria forma de vida.”

                                                                            Tomado de XLSemanal