martes, 4 de agosto de 2020

JUAN GERMÁN ROSCIO, EL DOCTOR MESTIZO

JUAN GERMÁN ROSCIO, EL DOCTOR MESTIZO

Caracas 5 de julio 2020

                                                                                                Por Rafael Arraiz Lucca

II

“En 1794 se doctoró en Derecho Canónico y en 1800 en Civil. Sin embargo, los Directores del Colegio de Abogados de entonces le negaron la inscripción en la corporación, cosa que lo inhabilitaba para el ejercicio de la profesión, alegando que en el expediente requerido de limpieza de sangre no aparecía el mote de “india” que si figuraba en otros expedientes del mismo Roscio. El ya entonces abogado incoó un juicio ante la Real Audiencia a partir de 1796 y, finalmente, obtuvo sentencia a su favor en 1805, dados sus brillantes alegatos y la pertinencia de sus destrezas jurídicas, que fueron imponiéndose a lo largo de 9 años de juicio. El razonamiento seguido giró en torno a la consecuencia lógica de una decisión previa: si me dejaron estudiar en la universidad como blanco, tienen que dejarme ejercer la profesión como tal, de lo contrario, para qué me dejaron entrar a la Universidad.

La Real Audiencia caraqueña convino con los alegatos, para asombro de muchos, entonces y ahora. El joven doctor fue admitido en el Colegio de Abogados y, además, pasó la puerta con la aureola del triunfador, el que ha vencido una dificultad mayor que los demás.Había superado las pruebas del héroe, pero no las físicas o de arrojo personal,sino algunas más raras todavía, las de la inteligencia, aquellas que también suelen medir la formación del carácter y la perseverancia.

El triunfo en este proceso judicial hizo de Roscio un precursor en la defensa de los derechos individuales en contra de la discriminación racial. Que sepamos, se trató del primer juicio en el que vence parte interesada, sufriente de una discriminación. Por cierto,la condición pionera será el signo de su vida, como iremos viendo: primer canciller, primer redactor de una constitución, primer redactor de un estatuto electoral, único redactor de un acta fundacional de la República, primer teórico político-teológico de la revolución de independencia.

Estas dificultades iniciales, lejos de amilanarlo, le valieron una bien ganada fama de abogado litigante y de jurisconsulto que, además, le franqueó las puertas de desempeños públicos provinciales de alguna importancia. Fue profesor en su Alma mater, así como asesor de la Capitanía General y de la Auditoría de Guerra.

Dados estos antecedentes,no nos sorprende que en el momento de formarse la Junta Defensora de los Derechos de Fernando VII, el 19 de abril de 1810, Roscio integre el Cabildo en calidad de diputado del pueblo. Entonces, comienza una etapa de su vida de particulares realizaciones. Según Manuel Pérez Vila, fue “el alma de la revolución en esa época, y bien mereció el dictado de padre, maestro y defensor de la naciente libertad que más tarde le adjudicó Andrés Bello” (Pérez Vila,1997: 1005).”

                                                                                           Tomado de EFECTO COCUYO

domingo, 2 de agosto de 2020

MADARIAGA UN CURA LIBERAL VI



MADARIAGA UN CURA LIBERAL

Caracas 5 de julio 2020

                                                                                              Por Rafael Arraiz Lucca

VI

“Otra vez Jamaica

No contamos con el relato de su traslado a Jamaica, pero dada la orden del Libertador ha debido ser precipitado. En todo caso, el canónigo pasa dos años en la isla buscando dinero para seguir su destino. Escribe cartas solicitando recursos para irse a Washington, no lo logra; luego intenta regresar a Chile, tampoco lo logra. Es obvio que la iniciativa del Congreso de Cariaco lo ha colocado en el andén contrario a Bolívar y éste, por su parte, después del fusilamiento de Piar y las victorias de Pantano de Vargas y Boyacá, ha consolidado su poder omnímodo. No obstante, el chileno se sobrepone a sus intentos fallidos y decide empuñar la espada: se enrola en la llamada Expedición del Magdalena, en marzo de 1819, comandada por Mariano Montilla, quien lo acoge.

Antes, estuvo tramando un nuevo proyecto en asociación con Luis Aury, francés al mando de una flotilla en busca de destino. Un corsario, dirán sus malquerientes; un patriota, sus amigos. En todo caso, es un hecho que participó en muchas aventuras patriotas en la costa caribeña. De regreso del Río de la Plata el Comodoro Aury recala en Jamaica, donde traba amistad con Cortés, y éste se presenta como Ministro Extraordinario de las Repúblicas Confederadas de Buenos Aires y Chile, en 1818. Investido de autoridad, el canónigo exhorta al francés a tomar el archipiélago formado por las islas de Providencia, Santa Catalina y San Andrés y éste lo hace, enarbolando los pabellones de Buenos Aires y Chile, de acuerdo con Cortés. Desde allí se propone tomar Portobello, con el objeto de dominar el istmo de Panamá. De todo ello informa Cortés a O,Higgins, aludiendo que se trata de un viejo proyecto no realizado antes.

Aury navega desde sus posesiones insulares a Jamaica en busca de Cortés y luego zarpan juntos hacia Santa Marta. Allí decide el canónigo sumarse a la expedición de Montilla que viene de Margarita. Las vicisitudes de Aury y sus encontronazos con el Almirante Luis Brión son tantos y tan variados, que merecen un capítulo aparte. Lo mismo ocurre con otro personaje de novela: Sir Gregor Mac Gregor. Todas estas biografías se cruzan en algún momento: Aury, Mac Gregor, Cortés, Brión, Padilla, Codazzi; todos personajes fascinantes y poco estudiados, quizás ensombrecidos por la gloria única de Bolívar. Y será el Libertador, por cierto, quien dé al traste con las aspiraciones de Aury, a instancias de Brión, cuando le ordena irse de Colombia en virtud de que sus servicios corsarios ya no son bien recibidos. No obstante, en audiencia concedida por el Libertador  a Aury en Bogotá, a donde ha subido acompañado por Agustín Codazzi, convienen en que Aury concentre sus acciones en Centroamérica, cosa que hace en lo sucesivo, y zarpa hacia sus dominios de la isla de Providencia y allá muere, en 1821, al caerse de un caballo. Le tocará a Codazzi el trámite ante sus descendientes y el finiquito de la división corsaria del Comodoro Aury. Un personaje digno de mejor destino y recordación que, vaya suerte, se enfrentó a Bolívar en Haití cuando se organizaba la Expedición de los Cayos.

 

En Cartagena, con Montilla.

Los primeros intentos de la expedición que zarpa de Margarita con el objeto de vencer al Virrey Sámano y los suyos en la costa colombiana fracasan por varias razones, pero la principal será el motín de los irlandeses que se niegan a continuar batallando si no les pagan sus salarios. No obstante, Montilla insiste y después de meses de asedio e intentos, sin el apoyo de la legión irlandesa que deserta y se va, logra controlar a Santa Marta y Cartagena.

Bolívar le envía una carta a Montilla desde Cúcuta el 21 de julio de 1820. En ella lo felicita y le dice que solicitará para él el ascenso a general, dados sus logros en la costa. Elogia a Brión, quien lo acompaña en la aventura. Le prescribe los objetivos a cumplir: “la seguridad del magdalena es el primer objeto de Ud.; el segundo, asegurar la ciudad de Santa Marta, y el tercero, bloquear a Cartagena.” Las indicaciones siguen en el párrafo y concluyen con un juicio invariable: “El Canónigo es loco y debe tratarse como tal.” Es evidente que sabía que Montilla lo había incorporado a la Expedición; no se atreve a mandar a detenerlo, como había hecho antes, pero no deja de asestarle una calificación denigratoria. Por supuesto, el canónigo no era loco, pensaba distinto a él. Finalmente, Montilla, Brión, Padilla, Córdova, Hermógenes Maza y José Carreño alcanzaron los objetivos trazados en octubre de 1821, cuando las banderas que ondeaban en los castillos de Cartagena eran las tricolores diseñadas por Miranda.”

                                                                          Tomado de EFECTO COCUYO

 


MADARIAGA UN CURA LIBERAL VII / FINAL




MADARIAGA UN CURA LIBERAL

Caracas 5 de julio 2020

 

                                                                                 Por Rafael Arraiz Lucca

 

 

VII

 

“El final en Río Hacha.

Cortés de Madariaga quedó en Santa Marta y después recaló accidentalmente en Río Hacha, como veremos luego. Desde allí intentó, otra vez, sobreponerse a las penurias. Trató que el Congreso reunido en Cúcuta le asignara un estipendio fijo, pero no se le concedió, por más que quien lo solicitó fue el general Santander. Envió cartas pidiendo que la curia caraqueña le fijara una pensión por los servicios prestados, pero tampoco alcanzó el cometido, también respaldado infructuosamente por Santander.

Será el propio Cortés quien nos aclare por qué quedó varado en Río Hacha. Él mismo se lo explica al Vicepresidente Santander en carta del 1 de mayo de 1822. Afirma: “En 17 de julio del año próximo pasado fondeé en ésta por resulta de una trágica arribada que me distrajo de las costas de Maracaibo, a donde me dirigía desde Santa Marta, para seguir al Congreso de Cúcuta; y no habiéndose presentado ocasión segura para emprender nuevo viaje durante meses; cuando la hubo, en octubre del mismo año, se recibió aquí carta de cierto diputado de la asamblea nacional, en que participaba, que aquella debía ponerse en receso: esta novedad me aconsejó el detenerme, para esperar los resultados, y siéndolo conformes con el anuncio, contemplé ya inútil mi comparecencia en lo interior.”

De 1824 datan misivas melancólicas dirigidas a José Eugenio Cortés en Filadelfia. Citemos una sola: “Me tiene Ud., pues, tres años en este andurrial del Hacha, esclavo de amargas circunstancias, en medio de la decantada libertad civil que brinda Colombia, cuyo gobierno me ha pretermitido enteramente y privado aun de la asistencia de mis rentas canonicales, que en cuatro años de emancipado Caracas, no he podido conseguir que se me abonen; por manera que sufro las mayores privaciones y no diviso el modo de evadirme de este caos de angustias y continua aflicción para vivir: de Chile todo lo ignoro; y estoy reducido a un estado peor que si me hallase en algún presidio de África.”

No obstante, enterado el Vicepresidente de la República de la situación del canónigo, y a sabiendas de que no “era santo de la devoción” de Bolívar, lo designa en enero para ocupar el Deanato de Santa Marta, lo que constituía un honor que le dispensaba el general Santander. No obstante, el canónigo no acepta ya que alega encontrarse en condiciones poco propicias para el trabajo eclesiástico. Evidentemente, el canónigo quería su canonjía, no trabajar en su vejez achacosa. Se sentía enfermo y cansado.

Así lo comprendió Santander y abogó por él ante el Congreso de Colombia, afirmando: “propongo a V. E. que se le declare una pensión decente para su subsistencia durante su vida, pagadera del tesoro público, y que le corre desde el día en que dejó de ser canónigo por su firmeza republicana.” Lamentablemente, la carta de Santander al Senado colombiano no tuvo ningún efecto. ¿No se atrevieron a pensionar a quien Bolívar consideraba un adversario y un “loco”? ¿Nadie se ocupó de instrumentar la petición de Santander? En todo caso, lo cierto es que el Vicepresidente estuvo al tanto de sus penurias e intentó subsanarlas.

Refiere Vicuña Mackenna en su ensayo “El Tribuno de Caracas” que en 1824 el Almirante peruano Ignacio Mariátegui halló a Cortés en Río Hacha. Del encuentro dejó un testimonio elocuente: “encontré a Cortés en 1824, desterrado entre los indios de Río Hacha, y alimentándose solo con hierbas y pescado; pero inflexible en aceptar la política de Bolívar, que anulado por la fuerza el Congreso que él presidiera; y sin querer tampoco regresar a Chile, su patria, porque decía que no quería vivir en países donde se establecían órdenes monárquicas como la Legión de Mérito, la del Sol, trasplantada del Perú, etc, etc. Aquella alma romana prefirió, pues, la muerte en la miseria a la abdicación de sus principios.”

Como señalamos al principio de este ensayo, se desconoce el día exacto de su muerte y dónde reposan sus restos. Entonces, la Gaceta de Colombia del 26 de marzo, publica una nota necrológica exaltando su memoria: “El doctor Madariaga merece los más tiernos recuerdos de los colombianos por su ardiente patriotismo y amor a la libertad.”

¿Qué ocurrió? ¿No compartir las ideas políticas del Libertador tenía un costo muy alto? Evidentemente, Cortés no era “un loco” como lo tildaba Bolívar. Simplemente, desde Caracas (1810) hasta Cariaco (1817), y Río Hacha (1826), creía en el sistema federal de gobierno. Era un liberal cuyos principios no claudicaban bajo ninguna circunstancia, ni siquiera la guerrera, que es la más comúnmente invocada y trabajaba por sus ideales. No obstante, es un hecho irrefutable que el principio de la unidad de mando llevaba al Libertador a considerar enemigo a todo aquel que pensara y obrara distinto a él. Estas diferencias con Bolívar tenían dos consecuencias: la cárcel y el juicio, como ya vimos que lo intentó contra Cortés infructuosamente (no así con Piar) o, también, el ostracismo en el mayor abandono, por más que el general Santander intentara paliar la desgraciada senectud del canónigo chileno, éste fue su final riohachense.”

                                                                            Tomado de EFECTO COCUYO

                                       

 




viernes, 31 de julio de 2020

MADARIAGA UN CURA LIBERAL V




MADARIAGA UN CURA LIBERAL

Caracas 5 de julio2020

                                                                              Por Rafael Arraiz Lucca

V

 

“Preso en Ceuta.

El canónigo pasa cuatro meses en las mazmorras de La Guaira, de allí es enviado a Cádiz, donde transcurren siete meses de encierro y, finalmente, es destinado a Ceuta, en el norte de África, donde cumple la condena. De Ceuta logran escaparse a Gibraltar cuatro de los “ocho monstruos”: además de Cortés, Roscio, Paz del Castillo y Ayala, pero el Gobernador británico de Gibraltar los apresó de nuevo y los entregó a sus carceleros, para no entrar en conflicto con las autoridades españolas, aparentemente. Nueva desgracia. No obstante, Thomas Richards, un comerciante inglés que iba y venía de Cádiz, amante de la causa independentista americana (¿sería masón?), abogó por ellos en Londres y logró el respaldo de las máximas autoridades. Estas, después de meses de negociaciones, lograron la libertad de los fugitivos de Ceuta. A todas luces, fue una concesión de España ante las peticiones de Gran Bretaña.


El 21 de noviembre de 1815 salieron en libertad. Habían estado presos un poco más de tres años. Cortés zarpó de Ceuta hacia Londres y de allí  hacia Saint Thomas y luego a Jamaica. Allí está a comienzos de 1816. Los británicos le han hecho saber a diferentes patriotas, incluido Bolívar, que la constitución de un Gobierno era una formalidad indispensable para un reconocimiento internacional. Cortés se toma muy en serio esta sugerencia y se desplaza a Margarita, a donde llega en abril de 1817 con un proyecto in pectore. Busca de inmediato al Libertador de Oriente, Santiago Mariño, y le formula su propuesta.

 

El Congreso de Cariaco

El canónigo le propone regresar al esquema federal de la Constitución de 1811 y a Mariño le parece bien, ya que era más proclive a cualquier forma constitucional que mejorara su situación en desmedro de la de Bolívar. Deciden, entonces, organizar el Congreso (entre el 8 y el 9 de mayo de 1817) y nombrar autoridades sobre la base de las instituciones de cinco años antes. Se forma un triunvirato integrado por Fernando Rodríguez del Toro, Francisco Javier Mayz y Simón Bolívar (sin consultarle, obviamente). Mariño es designado Jefe Supremo del Ejército y Luis Brión de la Armada. En la asamblea estuvieron presentes Francisco Antonio Zea, Diego Bautista Urbaneja, Luis Brión, Manuel Isava, Diego Vallenilla, Francisco Xavier y Diego Alcalá, Manuel Maneiro, Francisco de Paula Navas y, por supuesto, Cortés de Madariaga.


Bolívar en cuanto se enteró de la ocurrencia del Congreso y del proyecto federal, que fueron concebidos sin su consentimiento, los desechó rotundamente con su silencio. Como era de esperarse y, en lo sucesivo, ya apuntalado el caraqueño en Guayana, después del fusilamiento de Piar (el 16 de octubre de 1817), dominando un vasto territorio y con el apoyo de una mayoría que no siguió a Mariño y a Cortés en la aventura, el Congreso de Cariaco y sus decisiones fueron quedando en el olvido, en letra muerta.


En carta fechada el 6 de agosto de 1817 y desde Angostura, Bolívar se dirige a Martín Tovar Ponte, su viejo amigo, y le dice que por fin se cuenta con “Guayana libre e independiente” y le relaciona lo que esto significa para el futuro de sus proyectos.  En cuanto a Cariaco, afirma: “El canónigo restableció el gobierno que tu deseas y ha durado tanto como casabe en caldo caliente. Nadie lo ha atacado y él se ha disuelto por sí mismo. En Margarita lo desobedecieron; en Carúpano lo quisieron prender; a bordo lo quisieron poner en un cañón, se entiende para llevar azotes; aquí ha llegado y aun no se le ha visto la cara porque sus individuos se dispersaron, no de miedo sino de vergüenza de que los muchachos lo silbasen. Yo he usado la moderación de no haber escrito ni una sola palabra, ni de haber dicho nada contra el tal gobierno federal y, sin embargo, no ha podido sostenerse contra todo el influjo de la opinión. Aquí no manda el que quiere sino el que puede.”


Bolívar desaprobaba con su silencio el proyecto federal de Cortés y Mariño, pero con ello no pasaba por alto que su mando no era unánime. Una vez más Mariño se lo hacía saber; ahora un presbítero también. Si en 1812 al federalismo lo atajó un contradictor tenaz, ahora el mismo seguía en su negación. Curiosamente, se ha dicho que el centralismo de Bolívar era netamente caraqueño, mientras el federalismo de los otros era provinciano, pero si bien puede haber algo de cierto en esto, vemos como Tovar, más caraqueño y mantuano imposible, se inclinaba por el federalismo. No hay manera de que a un espíritu autoritario le convenza el federalismo o cualquier forma de descentralización del poder. Eso está muy claro, también lo está que una guerra es más probable ganarla con unidad de mando que con dispersión, como pensaba Bolívar;  es más probable el triunfo si la estrategia se centraliza y se coordina.


El Congreso de Cariaco, para desgracia de Cortés, ocurre cuando la unanimidad de mando buscada por Bolívar está consolidándose y, como dijimos antes, se corona con el fusilamiento de Piar, que deja muy claro que la disidencia frente al Libertador se paga con la vida. Escarmentados y advertidos quienes le discuten a Bolívar su liderazgo, sus destinos a partir de entonces se ensombrecen. Es el caso de Cortés, quien tuvo que regresar a toda carrera a Jamaica, ya que el Libertador quería apresarlo y juzgarlo. Así se lee en carta de Bolívar al Comandante General de Guayana, dice: “en el momento mismo en que sepa que el canónigo José Cortés de Madariaga ha arribado a cualquiera de los puertos o pueblos de esa provincia, lo haga Ud. asegurar y conservándole privado de comunicación, me dé parte, sin pérdida de tiempo, para comunicarle el modo con que debe ser tratado y remitido a la capital para ser juzgado. Dios guarde a Ud. muchos años. Simón Bolívar.”

                                                                            Tomado de EFECTO COCUYO